UNA VISIÓN PROFUNDA DEL SECTOR SOCIAL EN ECUADOR

Por Ramiro Villaruel Meythaler 

Los indicadores sociales reflejan el bienestar de una sociedad, por ende, su diagnóstico es imperioso para la toma de decisiones en la gestión pública.

La inflación, las tasas de interés o el Producto Interno Bruto (PIB) son indicadores macroeconómicos conocidos por la mayoría de los ecuatorianos. Estos indicadores son estudiados por políticos y analistas para pronosticar el estado de la economía y, ante cambios en la tendencia de los mismos, para generar alertas y así aplicar medidas y contrarrestar cualquier tipo de efecto adverso que se suscite en la economía. Pese a ello, los indicadores macroeconómicos, como instrumentos de política pública, esconden un hecho importante: estas medidas no reflejan adecuadamente los progresos o retrocesos en las condiciones de vida de la población (Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, 2017).

 A diferencia de los indicadores macroeconómicos, los indicadores sociales son medidas que buscan describir de manera agregada el bienestar de una sociedad. El desarrollo de herramientas para el cálculo de dichos indicadores inició en 1970 con el objetivo de evaluar y analizar el grado en el que una sociedad ha alcanzado las metas sociales de salud, educación, vivienda, pobreza, desigualdad, seguridad, trabajo, entre otros. Otro de los objetivos de estos indicadores es la intervención social; es decir, acciones que permitan medir los resultados de programas o proyectos dirigidos a mejorar el nivel de vida de la población, en especial de los grupos poblacionales más vulnerables (Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, 2017).

Ecuador es un país con serios problemas sociales, por lo tanto, el acceso a las estadísticas sociales es esencial para establecer políticas públicas que permitan una mejora de los niveles de vida de la población. Hay mucho que mejorar en cuanto a sus estadísticas sociales; sin embargo, entre los años 2006 y 2016 el país ha registrado un magnífico avance en el sector social. Por ejemplo, durante esta década la incidencia de la pobreza se redujo en un 37% y la mortalidad infantil en un 16%. Por su parte, las tasas de asistencia a la educación superior, educación media y educación general básica han crecido —y esta última prácticamente universal—. El acceso a los servicios residenciales básicos y la afiliación a la seguridad social también han crecido, mientras que la tasa de hacinamiento ha decrecido junto al déficit habitacional cuantitativo y cualitativo. Estos avances están estrechamente ligados a varios hechos importantes que no sólo tienen que ver con el crecimiento económico de Ecuador y a la expansión de políticas sociales efectivas, sino también con procesos de largo plazo, como la mejora en el acceso a los servicios de salud y educación, la transición demográfica, la urbanización, entre otros (Robles & Duryea, 2016).

No obstante, desde 2014, Ecuador y la mayoría de los países latinoamericanos afrontan un entorno macroeconómico diferente al que se suscitó en los últimos años (Powell, 2015). En la actualidad, un menor crecimiento económico y ciertas restricciones fiscales han puesto en riesgo los avances sociales de esta última década. Es así que, a continuación, se analiza de manera exhaustiva algunas cifras sociales de la población ecuatoriana. Las principales fuentes de información son i) la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo y ii) las Estadísticas Vitales levantadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC)

POBREZA

Con el objetivo de cuantificar la pobreza, es menester considerar que la pobreza es un fenómeno multidimensional en la vida del ser humano y, por lo tanto, no se refiere únicamente a la insuficiencia de recursos, sino que consiste en la capacidad que tienen las personas para llevar una vida y conocer las razones que tienen para valorarla, basadas en sus libertades y oportunidades. En la práctica, la medición de la pobreza se realiza mediante varios indicadores; uno de ellos es el método indirecto o pobreza monetaria que define a un persona como pobre si su ingreso per cápita del hogar es menor a la línea de pobreza. Recuérdese que el ingreso per cápita del hogar es igual a la suma del ingreso de todos los miembros de un hogar dividido para el número de miembros de dicho hogar; mientras que la línea de pobreza es el costo de una canasta básica de alimentos que permite satisfacer los requerimientos nutricionales mínimos de alimentación según el Manual para Planificadores y Nutricionistas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Así también, una persona pobre en extremo es aquella cuyo ingreso per cápita es menor a la línea de extrema pobreza.

La incidencia de la pobreza por ingresos de Ecuador se ha reducido de 36,44% en diciembre de 2006 a 22,92% en el mismo periodo del año 2016. Del mismo modo, la incidencia de la extrema pobreza por ingresos ha presentado un comportamiento similar pasando de 16,89% a 8,69%. El método directo más conocido como pobreza por necesidades básicas insatisfechas (NBI) establece a una persona como pobre si vive dentro de un hogar que cumpla con al menos una de las siguientes condiciones: hogar con características físicas inadecuadas, hogar con servicios residenciales inadecuados, hogar con una alta dependencia económica, hogar con niños y niñas que no estén asistiendo a algún centro de educación y hogar que se encuentra en un estado de hacinamiento. Asimismo, una persona es extrema pobre por NBI si vive dentro de un hogar que cumpla con dos o más de las condiciones antes mencionadas (Feres y Mancero, 2001). Así como la pobreza por ingresos ha decrecido, la incidencia de la pobreza por NBI ha mostrado el mismo comportamiento pasando de un 46,96% al cierre del año 2008 a 32,01% en diciembre de 2016. Finalmente, la extrema pobreza por NBI se ha ubicado en un 10,23%, cifra muy inferior con respecto a la registrada en el año 2008 que fue 21,26%.

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EDUCACIÓN

El sector de la educación es una de las áreas sociales fundamentales en el desarrollo y crecimiento de un país. Por esta razón requiere ser analizado al interior de la población de manera que se logre disponer de insumos válidos y oportunos que permitan tomar decisiones acertadas y focalizadas.

El sistema de educación debe ser interconectado y conformado por niveles de manera que las falencias existentes en los niveles inferiores, así como las falencias administrativas, influyen en la educación de la población. Por ende, los bajos logros educativos y las altas tasas de analfabetismo son el resultado de bajas tasas de asistencia en el pasado. Por ello, toda nación debe enfocar sus esfuerzos y recursos al incremento de oportunidades para la población escolar para que en un futuro esto permita reducir los niveles de rezago en el desarrollo de la población.En cuanto a los indicadores del sector de la educación, en Ecuador se ha registrado una reducción de la población analfabeta, pasando de un 8,63% en diciembre de 2006 a 5,65% en el mismo periodo del año 2016. De la misma manera, la tasa de analfabetismo digital ha decrecido de 29,22% en 2010 a 11,89% en 2016. La escolaridad, que representa el número promedio de años aprobados de los ecuatorianos, al cierre del año 2006 se ubicó en 9,06 años de escolaridad, mientras que a diciembre de 2016 este indicador creció levemente hasta alcanzar un valor de 10,14 años de escolaridad.

En lo que respecta a las tasas netas de asistencia, éstas constituyen el número de estudiantes que asisten a establecimientos de enseñanza de un determinado nivel y que pertenecen al grupo de edad que, según las normas reglamentarias o convenciones educativas, corresponde a dicho nivel, expresado como porcentaje del total de la población del grupo de edad respectivo. Es así como la tasa neta de asistencia a la educación general básica se ubicó en 96,23% en el año 2016, tasa superior a la alcanzada en el mismo periodo del año 2006 que fue 91,18%. La tasa neta de asistencia a la educación media y a la educación superior también mostraron una tendencia creciente ubicándose en 71,34% y 22,97% respectivamente en diciembre de 2016 —47,89% y 22,82%, en diciembre de 2006—.

VIVIENDA Y HÁBITAT

 El sector de la vivienda y hábitat es uno de los pilares primordiales de la política social. Uno de estos objetivos es el de garantizar a toda la población el acceso a un hábitat y vivienda segura, saludable y digna, independientemente de la situación social y económica de cada hogar. Estas condiciones de vivienda definen en un sentido muy concreto el bienestar de las personas. Ecuador, en los últimos años, ha incrementado los esfuerzos para cumplir con el derecho constitucional al hábitat y vivienda digna, a través de aumentos en la cobertura de varios de los principales indicadores sociales en materia de vivienda, priorizando a los estratos poblacionales de menores ingresos.

Distintas teorías económicas han mostrado que brindar acceso a un hábitat con calidad y equidad «reduce las brechas de desigualdad socioeconómica y potencia el desarrollo de la sociedad como un todo, puesto que los mejoramientos en vivienda y saneamiento reducen problemas de salud, mejoran el rendimiento escolar y disminuyen la pobreza territorial» (Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, 2010).

Entre los indicadores más representativos dentro de este sector resalta que el acceso a los servicios residenciales básicos por parte de los hogares ecuatorianos ha evidenciado una evolución importante. En cuanto al acceso a agua entubada por red pública se ha registrado una tasa de crecimiento del 19,35% en el periodo de análisis 2006-2016 —83,64%, en el año 2016—. La red de alcantarillado ha pasado de un 52,61% en diciembre de 2006 a 64,73% en diciembre de 2016. El servicio eléctrico en el país es uno de los indicadores que ha mostrado una universalización respecto al acceso, alcanzando una cifra de 96,23% al cierre del año 2016 —91,18%, en diciembre de 2006—. Por último, los hogares con acceso a telefonía convencional, en el año 2016, representaron el 38,38%, mientras que los hogares con acceso a telefonía celular representaron el 90,11%. Es importante mencionar que la tasa de crecimiento referente al acceso a la telefonía celular ha sido de 81,38% en el periodo comprendido entre los años 2010 y 2016; es decir, este servicio es uno de los servicios residenciales que más ha evolucionado en Ecuador.

Ahora, en lo que respecta al hacinamiento, un hogar es considerado hacinado si cada uno de los dormitorios del mismo sirve, en promedio, a un número de miembros de la familia mayor a tres —un dormitorio es todo cuarto o espacio dedicado exclusivamente para dormir; es decir, no se incluye otros espacios disponibles para habitar como: salones, comedor, cocina, baños, pasillos, garajes, cuartos de uso múltiple y espacios destinados a fines profesionales o negocios etc., los mismos que pueden dedicarse ocasional o parcialmente para dormir—. En Ecuador, el hacinamiento ha mostrado una tendencia decreciente durante el periodo analizado, pasando de 18,9% en diciembre de 2006 a 11,1% al cierre del año 2016. Otro indicador importante en el sector de la vivienda es la tasa de tenencia de vivienda propia; esta tasa se ha ubicado en 66,3% en el año 2016, cifra inferior a la registrada en el año 2006 que fue 69,8%.

Finalmente, el déficit cualitativo y el déficit cuantitativo de vivienda representan el número de viviendas recuperables e irrecuperables expresadas como porcentaje del total de viviendas en un determinado periodo de tiempo. Las unidades de vivienda recuperables son aquellas que, por su calidad insatisfactoria, deben ser mejoradas mediante reparaciones, cambios de materiales, ampliaciones de superficie o conexión a servicios básicos, etc. Por su parte, se hace referencia a las viviendas irrecuperables cuando éstas deben ser reemplazadas debido a que no cumplen ciertas condiciones mínimas de calidad y/o habitabilidad (Szalachman, 2000). En Ecuador, a diciembre de 2016, el déficit cualitativo de vivienda se ubicó en 33,65% —35,63%, en diciembre de 2009—, mientras que el déficit cuantitativo de vivienda para el mismo año registró una cifra de 12,28% —21,22%, en diciembre de 2009—. Por tanto, entre los dos tipos de déficit que pueden sufrir las unidades de vivienda, el déficit cuantitativo es el que ha mostrado un mayor avance en el país.

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SALUD

La salud es un objetivo fundamental de la política pública y, al mismo tiempo, uno de los más claros síntomas de la calidad de vida de una sociedad. La salud se refiere al estado adecuado de bienestar físico, mental, social y ambiental de cada individuo. Además, se trata de una condición de la vida colectiva de las personas, no solamente la ausencia de enfermedades en ellas (Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, 2017). El sector de la salud aporta enormemente al desarrollo económico y social de una nación; por lo tanto, los ecuatorianos requieren de información que muestre los avances o retrocesos en este sector con el objetivo de medir en forma cuantitativa lo sucedido con la política pública de salud. La tasa de natalidad mide la frecuencia con que ocurren los nacimientos en una población; por lo tanto, esta tasa se relaciona directamente con el crecimiento de dicha población. En diciembre de 2006, la tasa de natalidad fue 19,95 nacidos vivos por cada 1.000 habitantes; es decir, durante el periodo 2006-2015 se han reducido los nacimientos en Ecuador, alcanzando una cifra de 16,79 nacidos vivos por cada 1000 habitantes al cierre del 2015.

El número de muertes anuales en una población es una forma de reflejar la salud y, por ende, las condiciones de vida de una población. La tasa de mortalidad general de la población en Ecuador ha descendido de 4,15 muertes por cada 1000 habitantes en el año 2006 a 4,09 en 2015. Asimismo, la tasa de mortalidad infantil registró una cifra de 8,95 muertes por cada 1000 nacidos vivos en diciembre de 2015, valor inferior al alcanzado en el mismo periodo del año 2006 que fue 10,67. Por su parte, la tasa de mortalidad materna ha mostrado una tasa de crecimiento del 34,45%, pasando de 38,78 muertes por cada 100.000 nacidos vivos al cierre del año 2006 a 52,14 en 2015. Otro indicador que evidencia una mejora en cuanto a las condiciones de salud de los ecuatorianos es la cobertura de seguro, ya sea éste público o privado. Al cierre del año 2006, la tasa de afiliación a algún tipo de seguro se ubicó en 20,35%, mientras que para diciembre de 2016 esta tasa creció un 93,22%, alcanzando un valor de 39,32%.

CONCLUSIÓN

En síntesis, es importante señalar que a diferencia de los datos macroeconómicos, los datos sociales tienen rezagos entre la recolección de la información y la disponibilidad de la misma para su uso. Por tanto, el reto para países como Ecuador es analizar y estudiar la información del sector social oportunamente. En la actualidad, el análisis de la información social es muy reducido y la producción de estadísticas sociales es dispersa y discontinua. Por tal razón, es preciso fomentar investigaciones académicas y debates públicos del sector social, debido a que solo así se alcanzarán los objetivos de desarrollo del país.