UN SISTEMA ECONÓMICO, DOS PROPUESTAS

Por Iván Fernández

En las elecciones presidenciales del 2 de abril de 2017 en Ecuador, lo que está en juego es la disyuntiva —representada por los dos binomios finalistas— ante dos modelos de gestión pública bajo un mismo sistema económico.

En el análisis de los procesos políticos es aconsejable diferenciar entre la ideología, entendida como una manera de ver, entender e inclusive velar la realidad, de la realidad misma o mejor de los intereses en juego en la disputa por el poder, en otras palabras, diferenciar el discurso político plagado de ofertas demagógicas populistas; y la práctica real de los sujetos políticos. Para eso sirven las ciencias sociales, entre otras cosas, para pasar del mundo de la apariencia al mundo de la esencia.

Ninguno de los dos binomios que terciarán el próximo domingo 2 de abril se propone cambiar el sistema económico del Ecuador; de tal manera que el capitalismo dependiente y subdesarrollado continuará vigente y sostenido — como lo ha hecho históricamente— en el «modelo primario exportador», vale decir, se mantendrá la propiedad privada, la economía de mercado, la concentración de la riqueza en un puñado de grupos económicos, la subordinación al capitalismo financiero global; unas pocas empresas estatales funcionales al modelo de acumulación, la «economía popular y solidaria» en la que sobreviven los pobres, una industria altamente dependiente de las importaciones de bienes de capital y materias primas —dependencia tecnológica—, las actividades productivas extractivistas agrícolas y mineras se ampliarán, la democracia representativa con todas sus limitaciones seguirá vigente y, desde luego, las consecuencias de las desigualdades sociales propias de los países subdesarrollados: pobreza, desnutrición, subempleo, etc.

Entonces, si se mantiene el mismo sistema económico, social y político, ¿cuál es la diferencia entre los dos binomios por los que debemos elegir? La diferencia está en el diseño de las políticas públicas que se aplicarán, lo cual implica una disputa por el control del poder del Estado, pues de ello va a depender a dónde se dirige la inversión pública, a quién le tocan los beneficios del proceso de acumulación, de la distribución del excedente —concentración o redistribución mínima— y de los mecanismos de dominación que las democracias liberales permiten a través del control del aparato del Estado —poderes legislativo, judicial, electoral, de control ciudadano— e instituciones ideológicas y represivas del Estado. De tal manera que no es poco lo que está en juego, todo lo contrario, quien logre el poder logra el control del «reparto de la torta». Veamos algunas diferencias del modo o modelo de gestión pública de las dos candidaturas tomando doce temas fundamentales.

Sea cual fuere la opción que triunfe no modificará, como hemos afirmado, el sistema económico capitalista dependiente en que el Ecuador se desenvuelve, pero sí modificará el «modelo de gestión pública» y, por tanto, los impactos serán distintos en cada caso en cuanto a los beneficios de la inversión pública y a la distribución del excedente económico. Desde luego, las grandes corporaciones del capital transnacional y los grandes grupos económicos nacionales se verán favorecidos o afectados parcialmente en sus ganancias según sea el modelo de gestión pública, pero por lo general han demostrado gran «capacidad de adaptación» a cualquiera de los dos modelos, pues no está en juego «la bolsa o la vida» sino una pequeña parte de sus ganancias. Su fortalecimiento durante los diez años de la «Revolución Ciudadana» es una muestra de ello.

 No se ha incluido el tema de la corrupción siempre presente en los procesos de gestión pública y privada, pues la corrupción no tiene ideología ni es patrimonio de una u otra tendencia política. Corrupción se han dado en la derecha y en la izquierda, en el capitalismo y en lo que queda del socialismo —China, por decir un caso—; en los países desarrollados tenemos la crisis del sistema financiero del 2009 en donde está involucrado el Partido Popular español; y en los países subdesarrollados el feriado bancario ecuatoriano o el caso Odebrecht en Brasil y América Latina, por mencionar algunos ejemplos.

En conclusión, el 2 de abril próximo están en juego dos modelos de gestión dentro de un sistema económico vigente que recuerda la popular telenovela mexicana «Dos mujeres y un camino». A decidir, señores, ¿cuál prefieren? Pero en democracia y sin fraudes.

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