J. M. KEYNES: A LOS 70 AÑOS DE SU MUERTE Y 80 AÑOS DE LA TEORÍA GENERAL

Por Mauricio León Guzmán

El pensamiento económico y filosófico de John Maynard Keynes tiene relevancia para un país como Ecuador, tanto para el manejo macroeconómico como para el debate sobre el Buen Vivir.

El 2016 fue un año especial para el pensamiento keynesiano: se cumplieron 70 años de la muerte de John Maynard Keynes acaecida en 1946 y, también, 80 años de la publicación (1936) de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Keynes es uno de los grandes economistas de todos los tiempos. Fue un personaje multifacético: matemático, académico, periodista, analista, inversor, especulador, filósofo y mecenas del arte. Estudió economía con Alfred Marshall, precursor de la economía neoclásica. El propio Keynes en sus inicios fue un economista ortodoxo, pero su agudo análisis de la realidad económica lo llevó a desafiar las teorías de quienes él denominó clásicos: los clásicos propiamente dichos y los neoclásicos de la época.

Observó que la Gran Depresión de finales de los años veinte e inicios de los treinta del siglo pasado produjo un desempleo duradero e involuntario y la quiebra de fábricas o la dificultad de que vendan sus productos durante largos períodos. Era un fenómeno económico que la teoría neoclásica no podía explicar, pues según ella si no hay obstáculos al libre funcionamiento de los mercados, éstos se autorregulan hasta alcanzar un equilibrio estable con pleno empleo. Por tanto, con el libre juego de las fuerzas del mercado y los salarios flexibles no puede existir desempleo involuntario, es decir, el desempleo o exceso de oferta de trabajo sería absorbido mediante una disminución de los salarios hasta que se iguale la oferta laboral con la demanda laboral. Si existía desempleo, decían, este debía ser voluntario. Sin embargo, la realidad de la Gran Depresión mostraba una gran cantidad de personas dispuesta a trabajar por cualquier salario que no podía conseguir empleo; se trataba entonces de un desempleo involuntario.

Keynes cuestiona la existencia de una curva de oferta de trabajo y su explicación del desempleo será entonces la insuficiencia de demanda efectiva en el mercado de bienes. En consecuencia, el empleo se determina en el mercado de bienes y no en el mercado de trabajo como suponen los neoclásicos. De esta forma, Keynes cuestiona también la ley de los mercados, más conocida como ley de SAY: toda oferta crea su propia demanda. Según esta ley, no puede haber un problema de sobreproducción en la economía en su conjunto. Para Keynes, en cambio, la demanda no está automáticamente garantizada porque no necesariamente el ahorro se dirige a financiar la inversión debido a que los ahorristas y los inversionistas son distintos, y se producen problemas de coordinación.

Para Keynes, la inversión depende de las expectativas de los inversionistas respecto del futuro, que es incierto. Estas expectativas no son las expectativas racionales que asumirán  posteriormente la teoría neoclásica, sino expectativas que dependen de factores psicológicos como los «espíritus animales», es decir, el impulso espontáneo a la acción, o de las convenciones o comportamientos de «manada». Los inversionistas pueden volverse repentinamente pesimistas y no demandar el ahorro disponible para realizar inversiones. La caída en la inversión deprimirá la demanda agregada y, por tanto, la producción y el ingreso, con lo cual se contraerá el ahorro. Se puede llegar de esta manera a un equilibrio con insuficiencia de demanda y desempleo. La existencia de equilibrios múltiples y de equilibrios con desempleo es otro de los aportes de Keynes al pensamiento económico.

La implicación de política económica del análisis de Keynes, fue lo que él denominó la «socialización de las inversiones», es decir, el rol del Estado para impulsar la demanda efectiva mediante el incremento del gasto público. Sin embargo, lo que hizo Keynes fue racionalizar políticas que ya se implementaban antes de sus teorías en países como Alemania, Suecia o EE. UU. Éste es un hecho similar a la racionalización que hizo en su momento la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de las políticas de sustitución de importaciones que los gobiernos ya implementaban en la práctica. Ambos son casos de políticas antes de la teoría.

Aportó Keynes con una serie de conceptos al análisis económico tales como: incertidumbre, expectativas, preferencia por la liquidez, espíritus animales, propensión marginal a consumir, socialización de las inversiones, multiplicador de la inversión, eficiencia marginal del capital, gasto autónomo. Se le adjudica la invención de la macroeconomía, es decir, el estudio de la economía como un todo, así como su influencia en el desarrollo de la contabilidad macroeconómica. De hecho, el cálculo del producto interno bruto por el método del gasto tiene una clara inspiración keynesiana: PIB= C+I+G+(X-M).

Luego de la Teoría general hubo varias interpretaciones del pensamiento keynesiano: i) «keynesianismo bastardo», como lo denominó Joan Robinson, conocido también como «keynesianismo hidráulico» o neokeynesianismo, que no es más que el modelo is-lm inicialmente propuesto por John Hicks; ii) «nuevos keynesianos» que asumen en sus modelos basados en fundamentos microeconómicos la existencia de fricciones o rigidices de precios y salarios; iii) poskeynesianos que buscan ser más fieles al pensamiento de Keynes y consideran clave en sus análisis la incertidumbre, el principio de demanda efectiva tanto en el corto como en el largo plazo, expectativas, conflicto distributivo y dinero endógeno.

La influencia del pensamiento de Keynes tiene actualidad en el Ecuador; por ejemplo, el presidente Rafael Correa dictó una clase magistral sobre el multiplicador del gasto para mostrar que éste es mayor que el multiplicador de los impuestos y así justificar su política impositiva tras el terremoto de abril de 2016. También es relevante la importancia del dinero y el crédito en la economía y el cuestionamiento a la pérdida de soberanía monetaria que los regímenes de tipo de cambio extremo como la dolarización provocan a la economía. Keynes fue un crítico del retorno al patrón oro que Churchill implementó en Inglaterra luego de la Primera Guerra Mundial.

Si bien a Keynes se lo considera como salvador del capitalismo de una de sus más profundas crisis, también realizó una crítica moral a este sistema económico en su ensayo de 1930, Las posibilidades económicas de nuestros nietos. Este escrito tiene relevancia para el debate sobre el Buen Vivir en el Ecuador y es el eje del análisis que realiza Robert Skidelsky, uno de los más importantes estudiosos de la obra, pensamiento y vida de Keynes, en su libro ¿Cuánto es suficiente? Qué se necesita para una «buena vida», en el cual critica el capitalismo actual. Keynes (1930) señaló que el amor al dinero como posesión era el problema moral de la época «es una morbosidad algo repugnante, una de esas propensiones semidelictivas, semipatológicas, que se ponen, encogiendo los hombros, en manos de los especialistas en enfermedades mentales» (p. 331). Además, Keynes pensó en su ensayo que el crecimiento económico conduciría a resolver el problema económico de la humanidad, la lucha por la subsistencia, y, consecuentemente, a la reducción de las horas de trabajo a tres diarias o quince semanales, pudiendo dedicarse el mayor tiempo disponible al arte de la vida, a cultivar el perfeccionamiento, a «vivir sabia y agradablemente bien». Esta idea de la «buena vida» de Keynes se configuró por su participación primero como estudiante en el grupo de los Apóstoles en Cambridge y luego, ya graduado, en el grupo de Bloomsbury en Londres, que eran grupos de tertulia y debate sobre temas filosóficos y morales, integrados por filósofos y artistas; allí recibió la influencia del filósofo G. E. Moore y del crítico de arte Roger Fry. Para el primero, el arte y la amistad estaban entre las mejores cosas de la vida. El segundo distinguía entre la vida real relacionada con las funciones biológicas y la vida imaginativa relacionada con las artes, la escritura creativa y la indagación científica (Backhouse y Bateman, 2014). Estas ideas tienen paralelo con la noción de tiempo bien vivido formulada en el pensamiento ecuatoriano sobre el Buen Vivir, según la cual es el tiempo que podemos dedicar al arte, la contemplación, el autoconocimiento, a los amigos, al amor, a la participación pública y a la relación con la naturaleza (Ramírez, 2012).

 El pensamiento de Keynes está vigente y es relevante para un país como Ecuador, por lo que la Facultad de Ciencias Económicas, en su afán de acoger un enfoque pluralista en la enseñanza de la Economía, tanto teórico como metodológico, debe integrarlo en sus distintas vertientes. Con ese propósito, vale citar una de las frases más célebres de Keynes (1936) sobre la importancia de las ideas:

Las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree. En realidad, el mundo está gobernado por poco más que esto. Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto […]. Estoy seguro de que el poder de los intereses creados se exagera mucho comparado con la intrusión gradual de las ideas […]. Pero, tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados las que presentan peligros, tanto para mal como para bien. (p. 337)