LOS GANADORES DE LA REVOLUCIÓN CIUDADANA

Por Maro Tafur 

La evidencia empírica que divulgan las propias instituciones públicas muestran que los dueños del capital se han fortalecido en el período 2007-2015; en cambio, los trabajadores mantienen niveles de vida de hace tres décadas.

Decía Rafael Correa, Presidente Constitucional de la República del Ecuador, que «la supremacía del trabajo humano sobre el capital es el signo fundamental del Socialismo del siglo XXI y de nuestra Revolución Ciudadana» (El Telégrafo, 2014). Esto lo dijo al recordar un aniversario más del levantamiento y matanza de los trabajadores en Guayaquil el 15 de noviembre de 1922. Durante su visita a Alemania en 2013, ante empresarios, políticos, estudiantes y ecologistas, ya había afirmado que «el Hombre debe primar sobre el capital», en clara alusión a su administración de tinte social. Sin embargo, la evidencia empírica que divulgan las propias instituciones públicas contradice lo afirmado por el primer mandatario. Los dueños del capital se han fortalecido en el período de su mandato (2007-2015); en cambio, los trabajadores mantienen niveles de vida de hace tres décadas. La base empírica que testifica nuestra idea son los balances de resultados que publican la Superintendencia de Compañías y la información digital del Servicio de Rentas Internas (SRI). En efecto, la confrontación de la dinámica del salario con las utilidades empresariales, permite formarse una idea de la situación de la vida de los trabajadores ecuatorianos. El crecimiento afanoso de las utilidades prueba el recrudecimiento paulatino de la explotación de los trabajadores y la reducción cada vez más evidente de los salarios en la renta nacional.

Las cifras oficiales muestran el comportamiento de la remuneración al trabajo en la renta nacional, que ve disminuir sus ingresos en favor del excedente bruto de explotación —sumatoria de intereses, renta, alquileres y utilidades—, al transitar entre el 45% de 1965 al 20% en 1990 y 37% en el 2015; prevaleciendo, de esta manera, la concentración de los ingresos en favor de los patronos. Para tener una idea de ello, de cada USD 100 del ingreso nacional (2015), USD 37 van a mano de los trabajadores y los USD 63 restantes van a los dueños de las unidades productivas. Si desglosamos la información para el conjunto de empresas vigiladas por la Superintendencia de Compañías, período 2001-2014, la suma total de las utilidades netas creció un 32% promedio anual, mientras que la de los salarios, 10%. A lo que hay que añadir la existencia de un mayor número de trabajadores y un número cada vez menor de propietarios, agudizándose las desigualdades sociales. Pese al esfuerzo de los gobiernos de turno por romper este fenómeno, la situación no ha cambiado mucho.

El sistema de participación de los trabajadores en las ganancias es un engaño que contradice la retórica del presidente del Ecuador. De conformidad con este sistema se fija la parte básica del salario a un nivel más bajo; pero como suplemento, los trabajadores cobran periódicamente un ingreso adicional por concepto de la parte correspondiente de las ganancias, que para nuestro caso corresponde al 15% de las utilidades liquidas del ejercicio, que generalmente es un año, como lo señala el art. 97 del Código de Trabajo. Apreciemos lo que arrojan las cifras oficiales (ver Tabla 1).

La información cuantitativa que entrega la Superintendencia de Compañías es impresionante y contradictoria: USD 50.396,7 millones han generado los trabajadores por concepto de utilidades en el periodo 2007-2014 del gobierno de la Revolución Ciudadana (RC). De ellos, USD 45.394,7 millones fueron prácticamente a manos de los empresarios y del gobierno. Solo los dueños de las empresas se apropiaron de USD 36.400 millones. En el período 2001-2006, captaron USD 9.213,2 millones de los USD 12.161 millones de las  utilidades generadas en dicho período. Sumando los dos períodos (2001-2014), las utilidades del ejercicio superan los USD 62.000 millones, que representa el doble del presupuesto general del Estado, cuatro veces los impuestos estimados por el SRI y el 62% del producto interno bruto (PIB) ecuatoriano, teniendo como año de referencia el 2016. De ese monto, los dueños de las empresas se estima que captaron más de USD 42.000 millones, monto similar al de la deuda total ecuatoriana. Cifras respetables que se exige preguntarse si el empresario ecuatoriano —con tantos recursos— ha sido capaz de impulsar un proceso de industrialización propio que enfrente los retos de un mercado globalizado.

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La propia información empírica oficial avala a los verdaderos ganadores del gobierno de la RC: los empresarios; quienes deben estar agradecidos con el modelo económico de la RC. Éstos se benefician, aún más, de las bondades de los gobiernos de turno. El ciclo y rotación del capital se complementa al revertir la mayor proporción del impuesto a la renta a los mismos dueños del capital mediante subsidios, inversiones necesarias a la reproducción del capital —Carreteras, hidroeléctricas—, compras públicas —programa Aliméntate Ecuador, medicinas—, entre otros. En tanto, los trabajadores se benefician a través de obras sociales, escuelas, colegios, niversidades y hospitales, las cuales en última instancia son necesarias para la supervivencia del propio capital.

Históricamente, el Estado defiende la reproducción del sistema sobre la base del aprovechamiento del valor creado por el trabajo en el proceso productivo, con la finalidad de vigilar y eternizar la dictadura del capital. La política económica de la RC transita por senderos diferentes a las necesidades del ser humano; la evidencia empírica oficial confirma la existencia de un proceso de concentración y centralización de capital en base al valor creado por el trabajo y éste, a su vez, exigiendo mejorar su poder de compra. En suma, se evidencia que el capital está sobre el ser humano y que el propio presidente Rafael Correa lo reconoce cuando afirma: «No hemos podido cambiar el modelo de acumulación» (El Telégrafo, 2012).