LA ÉTICA EN LA PRÁCTICA DE LA GESTIÓN PÚBLICA

Por Nancy Medina 

El comportamiento ético se lo ve reflejado no solo en la práctica individual, sino, y sobre todo, en la gestión pública y en el manejo de los recursos de una comunidad.

Considero que la ética no es más que un conjunto de valores y principios que regulan el comportamiento humano: valores que guían lo que «debe o no se debe hacer». Desde luego, ésta es una decisión individual, los valores forman parte de sus actitudes y acciones, diríamos que se reflejan en su conducta, en su forma de ser, en su forma de pensar. Ninguna persona puede conducirse con valores y principios en un espacio y en otro no. Pese a que el actuar guiado por valores y principios es una decisión personal, la sociedad en su convivencia exige de nosotros un comportamiento ético a fin de vivir en armonía y lograr un desarrollo equilibrado.

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó al 9 de diciembre como el Día Internacional contra la Corrupción en el año 2003 con el propósito de sensibilizar sobre la importancia de solucionar este problema de naturaleza social, política y económica que se constituye en una amenaza para el desarrollo, la democracia y la estabilidad. La ética es fundamental en todos los ámbitos y más aún en el educativo porque con profesionales más comprometidos con la realidad social y no solo técnicamente formados.

Si entendemos a la justicia social como Confucio: «Lo que no deseas para ti no lo hagas a los demás»; o como lo expresa Rabbi Hellel: «No hagas a los otros lo que no quieres que te hagan a ti»; o simplemente en forma positiva: «Haz con los demás lo que quieres que hagan contigo»; entenderemos que éste es un ejercicio de empatía, del ponerse en el lugar de otro o, como se dice comúnmente, «ponerse en los zapatos del otro». Un ser humano cambia su comportamiento hacia una vivencia ética cuando es afectado su corazón o su bolsillo, lo que efectivamente se hace realidad debido a que el mundo de la moral y la ética tiene leyes universales que se cumplen como la ley de la gravedad en el mundo físico: la ley de la siembra y la cosecha que nos hace pensar antes de actuar porque «todo lo que sembramos, cosechamos de la misma naturaleza y multiplicado».

Estos aspectos evidencian la importancia del comportamiento ético. La gestión pública y el manejo de los recursos son ámbitos que reflejan la ética de una sociedad. El gobierno de la Revolución Ciudadana, entre sus postulados, enunciaba «la revolución ética para derrotar a la corrupción e instituir a la transparencia y la rendición de cuentas […]». Pese a que uno de los grandes pilares era el ético, poco o nada se ha hecho; al contrario, cada día nos levantamos con un nuevo problema de corrupción que apunta a los funcionarios públicos, invadiendo nuestro quehacer diario y logrando desmotivar a la sociedad.

 En 2015, Transparencia Internacional ubicó al Ecuador en el puesto 107 de 167 países con mayor percepción de corrupción, lo que se evidencia en la impunidad de actos de corrupción como el de la narcovalija, el comecheques (Raúl Carrión), Cofiec (Pedro Delgado), Palo Azul (Galo Chiriboga), la tragedia petrolera (Carlos Pareja Yannuzzelli y toda una red de corrupción), los sobreprecios en la construcción de carreteras, en la reconstrucción de la refinería de Esmeraldas, los costos duplicados en los contratos para la construcción de las hidroeléctricas —estas últimas con sobreprecios del 30  al 300%, como el caso de Manduriacu— son la evidencia más clara de la dudosa administración pública que a simple vista desemboca en la corrupción (Toapanta, 2016). En estos días somos testigos de los sonados casos de la empresa Odebrecht. Los costos de la corrupción son demasiado altos, no solo económicos, sino sociales en el sentido que «las palabras se las lleva el viento, pero el ejemplo arrastra»; es decir, ¿qué están aprendiendo nuestros niños y jóvenes? Actualmente, la delincuencia ha crecido exponencialmente, se ha destruido la confianza de los ecuatorianos en los gobernantes, se ha logrado que la apatía y el quemeimportismo sean los ejes de la vida diaria. Qué importante es la ética en el manejo de los recursos públicos y, más aún, en un sistema en el que se procura el Buen Vivir, donde el capital social se convierte en el cimiento sobre el que se levanta la economía solidaria, donde se apoya el desarrollo sustentable, porque en éste se convierten en principios de vida la honestidad, la solidaridad, el respeto, la lealtad, la verdad.

 La crisis de valores y principios en la que nos vemos inmersos hace que escuchemos a los jóvenes que los valores son relativos, cuando en realidad son absolutos porque son válidos para toda la sociedad, en cualquier espacio, tiempo o individuo. La corrupción es un problema delicado que nadie lo quiere abordar por sus implicaciones políticas, económicas y sociales; pero como seres humanos debemos impulsar el bien ser para lograr el bien tener y luego el bien estar.