GÉNERO Y EMPLEO: EJES DE ANÁLISIS EN LAS DIFERENCIAS LABORALES DE LA POBLACIÓN OCUPADA

Por Andrea Ríos

Las diferencias laborales en cuestiones de género de la población ocupada que se pueden evidenciar a la hora de acceder al empleo en el Ecuador es un tema de análisis reciente por el hecho de que los esfuerzos teóricos, posturas ideológicas y paradigmas económicos se han centrado en el análisis global del empleo sin tomar en cuenta factores que inciden en el mejoramiento de la calidad del mismo.

Es así que para los clásicos, las leyes de la oferta y demanda de trabajo conllevan a un equilibrio entre el salario y el empleo, basándose en la competencia perfecta del mercado laboral (Argoti, 2011). De otro modo, los neoclásicos señalan que «el libre funcionamiento de los mercados conduce al pleno empleo de los factores productivos […]» (Jiménez, 2006, p. 26); en donde el desempleo existe, pero en una mínima proporción.  Para Marx, el empleo, denominado como fuerza de trabajo, tiene que ver con la acumulación capitalista en donde la maquinaria sustituye a la mano de obra de forma progresiva (Colás, 2007); mientras tanto Keynes manifiesta que la economía no se mueve en pleno empleo, sino en el desempleo, necesitando que el Estado tenga una participación activa para lograr cambiar este escenario (Vargas, 2006).

De este modo, al analizar el empleo de forma global se encubren ciertos factores que reflejan y alteran su comportamiento real (Osorio y Rojas, 2009), dando paso a que surjan algunas preguntas esenciales: ¿Cuál es el factor determinante para acceder al empleo de acuerdo a los niveles de ocupación?, ¿Existen diferencias laborales por género y grupos ocupacionales? y ¿En qué categorías de empleo las mujeres presentan más problemas que los hombres para acceder al mercado laboral? Para logar responder estas interrogantes se realizan tres estimaciones econométricas en base al Modelo Multinomial Logit utilizando variables tales como: sexo, edad, estado civil, etnia, escolaridad, experiencia y área de residencia. Para el efecto se ha considerado una muestra de 51.255 personas ocupadas de 15 años y más contempladas en la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) al 2014, constituyéndose el último año en el que el Ecuador no se ve afectado severamente por la caída masiva de los precios del petróleo, apreciación del dólar, devaluación de las monedas de Colombia y Perú; además, se encuentra dentro de la hoja de ruta de la planificación del Estado.

Este estudio cuantitativo se ha desarrollado atendiendo a lo dispuesto en la Constitución de la República del Ecuador 2008, Código del Trabajo, Ley Orgánica de Servicio Público, Plan Nacional del Buen Vivir y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el que se refleja que la inclusión de género, como medida de equidad, no ha tenido el impacto esperado generándose brechas para acceder a las distintas ocupaciones.

Ahora bien, la primera estimación correspondiente al modelo global 2014 señala cómo el factor «sexo» influye en el empleo, demostrando que siguen existiendo brechas laborales en el nivel medio de ocupación caracterizado por actividades como la manipulación de maquinarias, trabajos de oficina, fuerzas armadas, etc.; y en el que las mujeres disminuyen la probabilidad de estar en este nivel en un 7,69% e incrementan la posibilidad de trasladarse al nivel bajo ocupacional en relación a los hombres. Sin embargo, el principio de equidad en términos de género que plantea la Constitución del Ecuador 2008 en su artículo 331 se lo puede visualizar de forma leve en el nivel alto de ocupación, ya que la probabilidad de que las mujeres ingresen a esta categoría tiene un incremento casi nulo del 0,12% en relación a los hombres (ver Tabla 1).

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El factor relevante en el análisis del modelo global tanto para el nivel bajo y medio de ocupación es el área de residencia, que refleja un efecto simultaneo; es decir, mientras la probabilidad de que la población ocupada del área urbana acceda a actividades elementales disminuye en 7,94%, esta misma población incrementa en 7,96% el acceso al nivel medio ocupacional; por lo tanto, «las áreas rurales concentran un mayor porcentaje del empleo en las actividades primarias […] que en las demás actividades económicas» (OIT, 2014, p. 46).

El nivel de escolaridad es el factor predominante para los científicos, intelectuales, administración pública y empresarios con sentido crítico, de análisis y toma de decisiones a nivel directivo; es decir, por cada año adicional de escolaridad, la probabilidad de encontrarse en este nivel se incrementa en 0,26%, pero su mayor impacto (1,81%) es para el nivel medio, lo cual se respalda con la teoría del capital humano, que considera a la capacitación de las personas como una inversión (Rosales, 2006); mientras que en el nivel bajo existe un efecto contrario (-2,07%); es decir, no se requiere mayores años de estudio (ver Tabla 2).

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Los resultados que se muestran en la Tabla 2 permiten analizar comparativamente las diferencias laborales entre dos muestras, verificando que las mujeres presentan más problemas que los hombres al acceder al mercado laboral en los niveles de ocupación bajo y medio. En cuanto a la edad un año adicional, implica trasladarse a un mejor nivel de ocupación, como es el caso del nivel medio; sin embargo, la población masculina tiene una ventaja sobre las mujeres del 0,33% en este nivel.

 El estado civil casados y unión libre beneficia significativamente a los hombres al incrementar la probabilidad de permanecer en el nivel medio en 9,69%; mientras que para las mujeres casadas el efecto es contrario debido a que las tareas del hogar y cargas familiares recaen directamente sobre ellas. En cuanto a la etnia, el hecho de ser mestizo o blanco, la posibilidad de encontrarse en cargos de nivel bajo se reduce en 6,87% e incrementa en 7,06% la de ocupar un cargo más acorde (nivel medio), este hecho se da porque históricamente el entorno social ha segmentado el mercado laboral según la pertenencia étnica.

Al analizar la escolaridad se observa que por cada año adicional de educación las mujeres tienen un cierto grado de especialización que disminuye su probabilidad de ubicarse en cargos de nivel elemental e incrementan favorablemente el situarse en cargos de nivel medio; de manera menos significativa ocurre para los hombres, lo cual se comprueba con lo descrito por Rosales (2006) en el que si no se desarrolla el nivel educativo las personas tendrían mayores inconvenientes para desenvolverse en el mercado laboral.

 Los años de trabajo reflejan diferencias para acceder al empleo, en el caso de la experiencia laboral femenina, ésta se orienta a desarrollar actividades elementales incrementando la probabilidad en 0,10%, mientras que disminuye en 0,12% la de ubicarse en el nivel medio ocupacional. Para los hombres, el panorama es distinto porque se benefician en un 0,28% adicional para desempeñar actividades más acordes. De otro modo, los hombres y mujeres que residen en el área urbana tienen ventaja sobre el área rural; sin embargo, existen brechas entre ellos debido a que la población femenina se beneficia en un 4,74% adicional.

Para acceder a las actividades de nivel directivo y toma de decisiones se creería que existe una variable de mejor calidad de respuesta como es el «factor político», pero en este estudio que hemos realizado, no incorporamos ninguna variable de carácter político esto debido a que en la base de datos ENEMDU 2014 no se contempla este tipo de información; por lo que es una restricción al querer estimar dicho factor; sin embargo, se deja abierta esta inquietud para estudios futuros. De la misma forma el número de hijos es otra variable que altera las condiciones laborales de las mujeres, sin embargo esta variable no se evidencia en la base de datos; por lo tanto no se puede tener resultados cuantitativos de acuerdo a nuestra modelación econométrica.

Es así que las diferencias laborales que presenta la población ocupada del Ecuador conllevan a que se tomen medidas de política económica, siendo el Estado el llamado a fomentar y reactivar la calidad del empleo considerando la existencia de variables que alteran este comportamiento, logrando así conseguir el pleno empleo que lo anunció Keynes en su obra La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero publicada en 1936.